sábado, 11 de mayo de 2013

PULSION

                                           

El abismo llama como el pájaro a las pájaras, nos
de improviso envuelve como un viento en la hondonada,  
como un plácido animal que rumia el tiempo.

A la última hora de la tarde, a la
dichosa hora de Sísifo en la cumbre,
cuando retinta la copa riela en la lámpara 
cuando retorna el cuerpo de la testuz de los autómatas,
cuando regreso al pan del hijo y de la madre,
¿porqué, di, aun persiste, sañudo y victorioso,
ese tedio de piedras y de soles milenarios que ningún
trabajo dignifica y ningún
salario liberta?

Al fin del desparramo ardua es la jornada, dirás,
y si por azar, aun sumisos, transgrediéramos
el mojón de la costumbre o nomás
nos viéramos transitar los caminos, orillándolos,
como improntas sepultadas por el polvo o por la lluvia,
entonces sabríamos, dirás,
que no habría poema sino en la pulsión del vacío
ni palabra posible sino en la añoranza del silencio.

El abismo atrae, señores, lo saben aun
los ágiles felinos que descienden
por el filo de la noche
sin despeñarse.

domingo, 29 de julio de 2012

EL ULTIMO PLAN



        Era Mayo. Era el día de su nonagésimo segundo cumpleaños. Era la noche en que jacinto quiso escribirse. Antes, es cierto, había escrito.  Había escrito toda la vida, pero nunca de él, siempre de otros, a veces reales, a veces el producto de una envidiable imaginación. El día de su nonagésimo segundo cumpleaños Jacinto tuvo el plan de escribirse a él mismo, a sí mismo para los Otros.
      No se le ocurrió, el plan; nomás sucedió. Estuvo siempre ahí desde el tiempo de su primera crónica en la La Voz Popular, allá cuando la Gran Depresión. No es que no lo haya visto venir, pero sucede que nunca sintió las ganas ---o tuvo las fuerzas--- indispensables para ejecutarlo sabiamente. Le parecía algo estúpido y egoísta hablar sólo de sí mismo. A lo mejor le parecía porque todavía era joven y le quedaban muchas cosas por vivir, por aprender. A lo mejor porque odiaba verse el rostro envejecer en los espejos, quién sabe.
Cierto, sin embargo, que las ganas ---no la idea--- le vinieron cuando descubrió que se había quedado solo. “Ya viene, ya está”, pensó ese día. Eran sus últimos pensamientos. Era tarde y las enfermeras se habían acostado temprano. Afuera llovía. Jacinto hizo que iba al baño pero fue a la cocina. En la mesita de luz la radio quedó encendida: el Polaco, Afiches. Se sentó a la mesa redonda, abrió el cuaderno y descorchó una botellita de vino que la hija, como siempre, había escondido en lo alto del aparador, detrás de unos tarros de masitas, lejos del alcance de los Otros. Nada especial, un vinito medio pelo, suficiente para festejar sus noventa y dos pirulos y el deseo de llevar a buen puerto un viejo plan.

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A la tarde había venido la Martita con los chicos a visitarlo. El nieto mayor, que ya tenía treinta, había traído a su novia última. “Para que lo conozca al Nono”, le había dicho a su madre y ésta había dudado.
No hablaron. Solamente la Martita le preguntó cómo andaba, si necesitaba algo. Jacinto negó con la cabeza. Quería decir mucho pero mantuvo el silencio por temor a confundir el nombre de los nietos. Además, le había tomado aversión a las palabras, sentía que se le hacían charcos de baba en la boca. 
Miraron el final del partido en la sala, rodeados de vidas en suspenso. Cuando el árbitro pitó la derrota del Xeneise, Jacinto masculló entre dientes: “perros…”. De la tristeza de los chicos brotó la risa triste del recuerdo. En la mesa del fondo, lejos del televisor, las mujeres que no habían perdido el presente jugaban a la Loba; jugaban para perderlo.

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Antes de quedarse solo, Jacinto se dio cuenta. La Martita cuchicheaba con la cocinera junto al quicio del zaguán y hacía señas para irse. Los nietos saludaron al abuelo con un beso al costado del bigote y la novia, más tímida y un poco perpleja, saludó nomás de lejos. Jacinto pensó en su pene joven y erecto. Todos los amores se le vinieron juntos a la mente.
---La vieja, ¿cómo está? ---Le susurró al oído a la Martita antes de olvidarla.
---Ahí anda, Papi. ¿De verdad no necesitás nada? ---Dijo ella y se quedó viéndolo con los ojos envidriados.
---Un cuaderno.
---¿Un cuaderno?
---Sí. Y también vino.
---Bueno, después traigo. Vino no sé, aunque siendo tu cumpleaños… Chau, me voy porque se viene tormenta.
---Esperate. ¿Cómo salió Boca?
---Perdió, Papi, lo acabás de ver…
“Perros…”, recitó bajito cuando la Martita, atajando el llanto con las manos, se abría paso entre las viejas lúdicas, al encuentro de sus hijos que, en la vereda, añudado el estómago, se paseaban bajo la desfloración otoñal de los plátanos.  
                  
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Cuando la enfermera se acercó, Jacinto, por costumbre chacarera nomás, amagó una resistencia inútil. Doña Eulogia, arrastrando el cuerpo contra la pared tiznada, blasfemaba contra el sexo de Adán.  Josecito Núñez, ausente hace meses, la miraba contento, como quién atina un tesoro. A Jacinto lo apresaron entre tres y le metieron el culo entre las ruedas. Lo bañaron, le sirvieron sopa de calabaza y lo durmieron con clonazepam. Al despertar en medio de la noche le vinieron las ganas. “Ya está, ya viene”, pensó.  
Encorvado sobre el hule de la mesa redonda, con la lluvia chapaleando en la ventana, alcanzó a emborracharse y a ejecutar una grafía trepidante. Escribió del niño que soñaba escribirse a sí mismo y nunca pudo. Satisfecho, se durmió sentado. Desde el fondo ensombrecido del pasillo, cincelada por la luz de los relámpagos, la que viene estaba cerca y era tarde para evadir el guadañazo. 

sábado, 28 de julio de 2012

FENIX



I
                                                          
En mí se pudre lo bello, se anda
matando como aquellos
ojos que auscultaran mi cuerpo, que
me amaran y yo
esculpiera también contra la noche y la luna.

En mí los culmino aun amándolos, los
febrilmente ardo, los
digiero en sobremesa para  tener otra vez hambre.


II

En mí el sagrado sabor de animalarme,
de remediar lo cotidiano, de arrostrarme
al vuelo germinal del pájaro, al
acoplamiento maquinal de mi organismo.

Y todo fuera por despojo
de mí, por
remorir re-
/surgir y hacerme
fuerte, parte del mundo que veo, que
fluye evidente en la irrisión de la calle, en
el vino franco en la esquina de siempre.

EL FUEGO


           No es capricho, padezco el fuego, el 
pulso atormentado, frenético que antes, no
            tanto antes iba bien para las Cortes, iba
bien y ahora, por libertad quizá, o por
parto de conciencia, de cogito, de
laisser faire laisser
passer o por
derecho universal del hombre del
ciudadano va
bien para atinarse uno, para juzgarse
algo más en el grasiento, gregario
marasmo del pan mal impartido, del
púlpito de las promesas, del
pálpito de irnos sin piedad al caño y solos,
solos como nacimos.

Ahora vendrá la noche y vendrá
como plétora de musas de la Pieria, o del
seno sangrante de la tierra, o de 
esta curvatura de alcohol de la copa, 
el sacrificio del poema, el despojo
de mí, que no es gracia, ni desgracia, ni
se nace, sino dolor lucubrante, locura,  sino
mi falange de amor contra la muerte.

No es capricho, son mariposas, son
diatribas que hay que excretar para que nazca
el mundo y desaparezca,
que de quedarse ellas muere uno, muere
                        de estruendo de misterio   
            un Jueves de Lluvia
o un Viernes de Santos como Vallejo.

TIERRA, DI.


Di, tierra remota, revela
el nombre arcano, arcaico y di
en la constelación abierta
de la sangre insepulta
el barro que mis manos enmascaran.

Porque siempre pre- (/vimos /sentimos)
algún otro universo en el grito de Mayo,
no tan propiamente, quizá un océano
de incierto y libre oleaje, o la ablación que
in- (/nombrable / narrable/ memorial)
desgarra y derrama nuestro destino.

Di, entonces, recuerda
recrea para con- (/solarnos
fluirnos /donarnos) un
porvenir por llegar
menos solos tierra,
mi tierra,  
que ya a poco avistamos el abismo.

SOBREMESA


           Y bajáramos, cada día ¿no?, del barco
del tedio gregario del tráfago a la cena
y  trasns – (/bordáramos
            /formáramos)
corazonadas en furtivos, quizá feraces
sorbos de acerbo vino alcoholado  
                        y viendo llover.

De la premura a la cena, bajáramos
prontos a abolir la dialéctica, que no
me sepas escuchar. Pienso: debo
            hacerme la idea, no
entristecer si yo,
yo era, yo tarde tal vez, palabras y ahora
soy lo aprendido, lo olvidado lo vivido y
quizá más allá, la trémula imagen, la
translúcida transida
            imagen siempre posible
de una reniñez ¿no?, o de una muerte y no
este agujero, oscuro de tiempo, colmado
de áncoras, de ti y de mí, saciado
de madre volviendo
silbando trayendo ¿no?
su guapa fuente de vianda humeante.

Disfrutemos pues, plácidos, la última
copa de vino, la
última y mirémonos
noctámbulos
nictálopes
largamente los ojos, como hombres ¿no?
y comprendamos…

sábado, 7 de abril de 2012

MERIENDA

.
La signatura del pájaro en tu cuerpo
amainaba el corazón de la tarde.
El poseedor de tu cariño
ahorcajado a la sombra de los eucaliptus
indagaba en la oblación del pan
esa orilla que lo arrojaría al mundo.
El hombre que amabas era otra cosa:
la sapiencia rasa del martillo y de la lezna
horadando, ácrata, tus ministerios
en la merienda de una siega estival.

sábado, 3 de marzo de 2012

DESHORA

.
No hay justicia ni verdad ni nada. ¿Cómo
acaso habría de haberla si hasta vos,
que sos lo que se dice un buen, incluso un gran
tipo te ablandaste, te
dejaste olvidar la muerte en los histriones y los
sochantres del mismo deleznable laberinto del que nadie,
ni vos, mi amigo, que sos lo que se dice un hombre
de bien, un caballero, sale vivo?
Ni vos que niño, tal vez joven, alunado alucinaste
ser fiel a tu misterio de fango proscrito, de
fin en sí mismo en ti mismo en este mundo
y transformarte transformándolo, des-
arraigarte, incorrupto, al movimiento al son-
ido orbital del universo ---si es que acaso hay
o acaso hubo alguna vez un Universo---
y estaban todas las estrellas haciéndote una ronda,
viéndote crecer bajo la tríptica luna el promisorio  
porvenir a su medida en los visajes de la cara.
¿Cómo, entonces, habrías de haber, mi amigo,
sabido que no hay ni acaso habría
justicia ni verdad ni
porvenir y ahora, en deshora, andarías
togado junto al cielo azul de los areópagos y los
arúspices de salmódicas vaharadas, en la
diaria inferencia de la suma indiferencia?
. 
Pero es tarde ya. Si al menos los fuegos
y los vientos y las piedras y los árboles
de las primeras horas resurgieran del absurdo
falsario contubernio de los présbitas, si
al menos hubieras zapateado negando, haciendo
caso al pulso que nacía como turba de ti mismo, que
cual íngrima emulsión de lo absoluto capaz
solazaba las razones de Marx… Pero no.
. 
Ya el barro de tu hechura está cocido, ya
bogando por la anchura principia, inevitable,
la noche inconstelada y vos, mi caro amigo,
en su abismo olvidarás tu nombre, el túrgido
pecho de los cuerpos que fuimos,
tendidos de lomo bajo un sol de enero,
sedientos y borrachos y
alegres como niños que no esperan
perder el sueño en los peldaños por subir. 
. 

domingo, 27 de marzo de 2011

CIUDAD

.
Antes que rielara la aterida luz
de las últimas farolas del alba, aun antes
que los ebrios, briosos, consumaran el narcótico letargo
que los absolvería de las laceraciones del tiempo,
bajo la música nocturna, primordial, como encofrada
en las fulguraciones apolíneas del Jacarandá,
yo te amaba.
Te amaba a pesar de la oscuridad que se abría,
como sangre en la rosa, sobre aquella, ya huida,
fluctuación de la pureza contra el horizonte álgido   
y en los remolinos del calor sobre la tierra ajada.
.
En la muerte, te amaba; y aun en el murmullo incipiente  
de un lejano, y, hasta diríase, pasivo declinar de la vida, 
que al despertar el niño, una vez, súbitamente,
lo arrojaron al mundo.
Te amaba, sobre todo, en la pulverización de los ángeles,
y en el retazo de ternura de los rostros aleves;
en el lento derrumbe de la memoria    
sobre una reminiscencia de nubes violáceas;
en el contraste, te amaba, ay, ¿entre cuáles colores?
y en la corrosión del hollín contra los apetitos sublimes.
A la vera de las vidrieras, por los huecos sombríos,   
cuando era duro el invierno y distante
la sonrisa de los niños y
silente como las tumbas remotas el domingo,
yo te amaba.
. 


sábado, 4 de diciembre de 2010

POEMA PARA SER LEIDO EN TU AUSENCIA

Tu legado será la imagen,
un eterno regreso a las crepitaciones
de otro amanecer
antiguo como un cántaro de agua del mismo río,
al despertarse uno, al
peinarse esta miseria de hombres contra-mundo.
.
Ni lo uno, entonces, ni lo múltiple;
ambos: yo
y vos siendo la infancia: la mía
después togada,
la tuya sin el mar y el tiempo
.
y el movimiento unívoco,
legendario,
de un mismo corazón.

.

LA TRADUCTORA



Madre laboriosa hija de la tierra, nacida de la sal,
sumisa y sensible como un sauce sobre el agua.
.
¿Quién, sino vos, comprendiera
---cuando el mundo, al sur, era apenas
una sola y entrañable lejanía---,
la doliente crispación, la vibración
del canto exiguo de unos pájaros
perdidos en la magia herida de su aura?
.
¿Y si el mar,
la memoria del mar,
ignorara aun la ignominia del tiempo?
.
Hermana mayor al cuidado de los hermanitos,
silenciosa intérprete de las otras criaturas de la luz.
.
¿Quién, sino vos, fuera todavía
la insurrección del amor
para el regreso de lo bello al rito
aunque sea por las ruinas y se oiga,
al alba, otra vez, como una súplica
el adánico dolor de lo vivo?
.
¿Y si el mar,
el sedimento del mar,
atesorara el acento de la voz enmudecida?

.

sábado, 21 de febrero de 2009

DOMINGO

.
.
...............................................““Se mata a un niño” Ese título, en
...............................................lo que tiene de fuerza indecisa, es el
...............................................que, en definitiva, ha de recordarse.”

...........................................................................Maurice Banchot


Hubiera

---ésta tristeza por la tierra
que soporta el sopor de mi hombría,
donde el pino y el paraíso y el sauce
del Parque de la Independencia, en el
eterno alborear del despojo del paisaje,
son transidos por las bocas del hambre---

advenido del diamante, o del
difuso edén de alguna infancia
en caída siempre remuriendo, re-
creándose en el cárdeno, duro
sacramento dócilmente sostenido
contra el sol feraz del alba?.

O hubiera ---éste letargo alcoholado
que fuga de dónde?, y tan vehemente,
hacia el color en tiempos dulce
del fruto suspenso en la fronda,
soleado de lado, ladeado por el canto
vespertino de unos pájaros---

de tallar la pena, restañarla en piedra,
abismarla hasta la órfica
derrota del alma con esplín
en los ojos y Apolo en la palabra?.

O nomás no hubiera, nomás
nada y se tratara

---ahora, tendido en la greda
del Parque de la Independencia,
en el instante más letárgico o
menos litúrgico
de una ascensión solar que oblitera
las posibilidades del sueño---

de matar por matar
al niño que no podría morir, no
sabría morir, que
ni siquiera somos, ni siquiera
fuimos sino en los Otros?

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viernes, 26 de diciembre de 2008

REMINISCENCIAS DEL VINO

.. ......................
La mesa bajo la araucaria,
los amigos en ronda, báquicos
los ojos, los
torsos desnudos,
consumaron la hecatombe.

Alguien tañó la bordona: Adiós
Nonino. Hubo
un arcano rencor de puñales, un
férvido frescor de mujer,
pájaros
fulgurando al cenit, años
sofocados en el humo de la
carne quemándose a la sombra.

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miércoles, 19 de marzo de 2008

LA PUREZA IMPOSIBLE

.
Ya, ya, alma mía, amaina el mecanismo,
que no es menester amar las soledades,
gira al compás, apéate, apiádate,
respira profunda, sé tu misma…

Que habrá ya el tiempo de pensarlo todo,
los colores los olores, la mera muerte,
el presente en bruto, embrutecido
de arduos alcoholes denodados y
el antes yo, el cómo, y el después…

Tiempo habrá, alma mía, no desesperes
ondula dulce, modula, modela la materia,
____que el dolor trabaja
____el ojo seriamente
con bruñidos cinceles de horizonte.

Tiempo habrá, mira bien, todo es tan bello
tan, a su vez, violado, violentado y
tal vez, alguna vez, había una vez
un niño que no sabía, que reía
proferirás profanando, alma mía
el sentido espeluznante del vacío.

¿Cómo harás, entonces, para cribar
la luz si ya eres parte de la sombra?

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TERAPIA INTENSIVA

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A cinco tajos académicos la vida
late a cinco puentes, pulsa la espera
de la luz que vuelva el golpe al cardio,
al tuyo al mío, que tanto te quiero
padre tu no sabes…

Alejandro triste, destriza calmo
un lejano papel de caramelo y ve
la puerta délfica del “parte” con desdén
como si Dios fuera a venir, como si
se le hubiera hecho ya costumbre.

Madre mientras, medra levemente
medrosa me roza la camisa abierta
y teje de espaldas, rebaja el rezo, baraja
cada pulso en cada lágrima, como
para amainar los guardapolvos.

Patea en diástole, anda, dime quién
corazón si paras signará los cargos,
las formulaciones las afirmaciones
de años, o forjamientos de horizontes
bien clavados, bogados abogados
con fatiga a salvo el sábado, y el sueño
huérfano de ojearme justo el traje.

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