sábado, 11 de mayo de 2013

PULSION

                                           

El abismo llama como el pájaro a las pájaras, nos
de improviso envuelve como un viento en la hondonada,  
como un plácido animal que rumia el tiempo.

A la última hora de la tarde, a la
dichosa hora de Sísifo en la cumbre,
cuando retinta la copa riela en la lámpara 
cuando retorna el cuerpo de la testuz de los autómatas,
cuando regreso al pan del hijo y de la madre,
¿porqué, di, aun persiste, sañudo y victorioso,
ese tedio de piedras y de soles milenarios que ningún
trabajo dignifica y ningún
salario liberta?

Al fin del desparramo ardua es la jornada, dirás,
y si por azar, aun sumisos, transgrediéramos
el mojón de la costumbre o nomás
nos viéramos transitar los caminos, orillándolos,
como improntas sepultadas por el polvo o por la lluvia,
entonces sabríamos, dirás,
que no habría poema sino en la pulsión del vacío
ni palabra posible sino en la añoranza del silencio.

El abismo atrae, señores, lo saben aun
los ágiles felinos que descienden
por el filo de la noche
sin despeñarse.